Una aventura que me cambio…

Tenía ya meses esperando que llegaran mis vacaciones para poder hacer un viaje que me estaba comiendo la cabeza desde hace ya mucho tiempo… “El camino de Santiago”. Decidí partir desde León ya que contaba con tiempo limitado para poder hacerlo y además porque el camino francés es el que está mejor señalizado y preparado, y ya que era mi primera vez haciendo algo como esto, preferí ir a lo seguro.

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El primer día fue algo extraño, tenía unas ansias tremendas de montarme en la bicicleta y empezar a recorrer el camino… pero al mismo tiempo tenía un miedo en el estómago de meterme por caminos y bosques que no conozco y además en solitario.

Los primeros kilómetros se hicieron solos… iba por pistas de tierra al lado de una carretera principal bastante concurrida por lo que en ningún momento me sentí solo y me empecé a familiarizar con la Flecha amarilla que guiaría todo mi recorrido.

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Ese día pedalee muy duro y llegue pronto a Astorga, justo a la entrada de la ciudad tienen un albergue público en donde decidí pasar la noche. La ciudad es muy bonita y tiene cantidad de cosas que ver. Tienen una preciosa catedral que están restaurando y algo que sin duda hay que visitar es el palacio de Gaudí con su inconfundible arquitectura.

Al estar en el albergue me di cuenta de que ese día me había dedicado a ir rápido con la bicicleta y poco había parado a admirar el camino por el que estaba pasando o las cosas que tenía a mi alrededor… parecía un caballo con unas anteojeras puesto en la cabeza… mirando fijamente a mi objetivo en vez de disfrutar de mi recorrido (que al final de eso se trata)

Y como bien me había dicho un extraño en el tren “Lo importante del camino de Santiago no es Llegar a Santiago… es el camino” y entendería lo que dijo en los siguientes días …

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A la mañana siguiente me desperté muy temprano… no solo porque lo quisiera así, sino porque a las 7am los señores del albergue van por todas las habitaciones despertando a los que aun duermen (que son pocos) como si de un cuartel militar se tratara… así que después de desayunar puse el norte hacia Foncebadón.

La subida fue bastante dura ya que no fui por la carretera, sino que haciendo caso a las flechas seguí el recorrido que hacen los peregrinos de a pie hasta las últimas partes de la subida en donde si quería seguir por la pista tendría que haber empujado la bicicleta y no tenía intenciones de hacerlo.

Arriba del todo a unos 1500 metros de atura se encuentra el monumento que más me impresiono a lo largo de todo el camino… la Cruz de Ferro (cruz de hierro), es una pequeña cruz que se encuentra en lo alto de un poste de madera y que en su base tiene una impresionante acumulación de piedras, dicho apilamiento se dio por la creencia que tenían los peregrinos que pasaban por esta ruta de este gesto les protegería de los peligros del camino.

Esta costumbre surgió por una leyenda que cuenta que al construirse la catedral de Santiago de Compostela se les pidió a los peregrinos que contribuyeran con la construcción trayendo piedras.

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Dejando atrás la cruz de hierro empezó la bajada del monte la cual también hice por el camino de los peregrinos de a pie. Fue sumamente adictiva la bajada ya que no había demasiadas personas y se podía alcanzar buena velocidad, al mismo tiempo que se admiraban unas impresionantes vistas gracias a la altura a la que me encontraba… en la bajada se encuentra un albergue que en la entrada nos muestra la distancia a la que nos encontramos de distintos puntos de peregrinación y de lugares conocidos de todo el mundo.

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Después de pedalear varias horas llegue a Ponferrada, es una ciudad que nos remonta al pasado… sus calles, el suelo y sus iglesias nos transportan a un mundo medieval, y la guinda del pastel sin duda es su enorme castillo con enormes torres y hasta un puente levadizo en la puerta principal

Decidí recuperar fuerzas en una de las cafeterías que estaban cerca del castillo, donde comí una hamburguesa y descansé un poco las piernas… lo único que pasaba por mi cabeza era volver a la carretera… empezaba a darme cuenta lo adictivo que se estaba volviendo para mí esto… la libertad que producía en mi cada pedalada, cada pueblo nuevo que conocía, cada momento en el que paraba a hacer una foto…

Saliendo de Ponferrada volví a adentrarme en caminos infinitos y pequeños bosques, ese día tenía muy cerca una tormenta eléctrica que estaba intentando alcanzarme desde el día anterior… se sentía el aire cargado y de vez en cuando sentía pequeñas gotas en el rostro… y eso me motivaba a apretar el ritmo lo más que pudiera para llegar pronto a Villafranca, donde tenía previsto pasar la noche.

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Al final de la tarde se notaba a lo lejos la frontera geográfica que separa a león y a Galicia… una inmensa línea de montañas (muy altas, por cierto) que serían mi reto al siguiente día. Al pasar el ultimo viñedo me adentré en un pequeño camino de tierra que me llevaba directo a la entrada de Villafranca; a mi derecha tenía un albergue público, pero vi muchos peregrinos que se acercaban para pasar la noche y tantos más ya instalados fuera, descansando de la jornada…

Ese día buscaba algo menos concurrido para pasar la noche por lo que seguí un poco más y por pura casualidad (o no) vi detrás de una iglesia un albergue que antiguamente había servido como hospital para peregrinos… era un sitio pequeño ideal a mi parecer para pasar la noche y darme una buena ducha que era lo único que mi cuerpo estaba pidiendo a gritos.

El hospital de peregrinos era en conjunto muy particular y cercano, tenía una habitación grande abajo para las personas mayores o con movilidad reducida para que no tuvieran que subir escaleras y arriba (que fue donde dormí) tenían en un solo espacio unas 15 literas y unos 6 colchones en el suelo… a la mayoría de las personas que conozco les parecería el último lugar donde querrían pasar la noche, pero para mí era perfecto… de hecho escogí uno de los colchones que estaba en el suelo. Esa noche llovió muchísimo y pase mucho frío, cosa que no esperaba la verdad dado que era pleno mes de julio…

Una cosa que me sorprendió muchísimo de las personas que hacen el camino a pie es que se despertaban sumamente temprano para aprovechar las primeras horas de la mañana cuando aún el sol no apretaba… esa “mañana” ya me habían despertado un par de veces antes de las 5am varias personas que ya listas salían para empezar la peregrinación.

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Tenía justo en frente un muy largo día de pedaladas… tenía por delante más de 90km por hacer y un desnivel acumulado de casi 2000mts. La primera parte del camino la hice prácticamente a oscuras, era muy temprano en la mañana y la bicicleta estaba empapada, lo mismo que los zapatos. Al poco tiempo de estar en camino me encontré la flecha que indicaba que mi camino se separaba de los peregrinos de a pie… ellos seguían hacia abajo y luego a un camino de tierra que se notaba que estaba muy muy mojado por la noche del día anterior, y a mí la flecha me indicaba incorporarme a una carretera que ya empezaba con una fuerte pendiente. Tenía el estómago cerrado por haber tomado muchas bebidas isotónicas en los días anteriores y también de vez en cuando una galleta o algo dulce para subir las energías, por lo que ese día ni si quiera entro el desayuno…. Y justamente por eso las fuerzas eran pocas.

La subida fue bastante dura pero aun así fue menos de lo que me había imaginado leyendo en Internet las “horribles” anécdotas de las personas que habían subido al Cebreiro… creo que se me hacen menos pesadas las subidas porque notas que estas avanzando a cada pedalada, a cada poco te ves más alto que antes, y sin duda alguna el triunfo llega cuando estas arriba y se te premia con unas espectaculares vistas

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El Cebreiro para mi tiene un aire místico… te adentras en bosques mucho más densos y típicos de Galicia, y además el estar a tanta altura te hace ver hasta a las nubes por debajo tuyo. Como era merecido elegí este lugar para comer un poco ya que la subida me había abierto el apetito y también para descansar un poco viendo a mis pies las nubes y sintiendo la hierba a mis pies.

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Dejando al Cebreiro atrás se sigue por un interminable sube y baja de pistas de tierra hasta legar a un claro en la montaña donde no se ve más nada que una escultura que se hizo en honor a los peregrinos, la escultura representa a un viejo peregrino luchando contra las inclemencias del tiempo.

La bajada también fue muy emocionante como la del día anterior, el aire en la cara te hacer sentir libre, y te hace desear que ese momento no acabe nunca. Siguiendo la ruta se llega a Triacastela, un pequeño pueblo muy acogedor entre en la iglesia para sellar mi credencial y estaban haciendo un programa de televisión en el que me pidieron participar sellando la Compostela, hecho esto segui mi camino por bosques y pequeños pueblos hasta llegar a sarria donde paré a comer y a descansar los pies en las aguas del rio.

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Saliendo de sarria me había quedado sin batería en el móvil por lo que no tenía música y las piernas empezaban a fallar un poco, y me empezaba a sentir por primera vez realmente solo, además me empezaba a adentrar en un bosque oscuro que aumentaba esta sensación. Pare por un momento para armarme nuevamente de valor y seguir adelante ya que a pesar de que mi cuerpo y mente me decían que no siguiera, renunciar para mí no era una opción… esa tarde fue difícil avanzar, iba bastante lento y con pocas fuerzas por la poca comida que había ingerido, seguía tomando mucha agua y bebidas isotónicas para recuperar un poco las sales que estaba perdiendo, pero aun así no se hacía suficiente.

Hubo un momento en la tarde de ese día que recuerdo que me marco mucho y fue que saliendo de un bosque dejaron de sonar los pájaros, los animales y hasta los insectos que de alguna manera me estaban haciendo compañía ese día porque un poco más adelante estaban talando todos los árboles que estaban paralelo a la carretera. La escena me parecía muy triste, todo en silencio y lo que a mi parecer era el asesinato del bosque.

Justo al pasar esa escena se veía al fondo el rio Miño y mi destino de ese día… Puertomarin, donde iba a pasar la noche.

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El último día para mí fue el que más me marcó, y por varias razones… empecé el día nuevamente con el estómago cerrado, la inexperiencia me había jugado una mala pasada ya que había elegido mal los alimentos para los días que llevaba en ruta… las piernas estaban cansadas y por dentro me invadía un sentimiento contradictorio, por un lado quería llegar a Santiago para verme con mi familia y por el otro no quería que acabara nunca esa forma de vivir… en solo cuatro días me había enganchado de una forma impresionante a conocer cosas nuevas, a estar arriba de la bicicleta y a no tener muy claro donde dormiría.

La mañana era muy fría y cada subida me desmoralizaba muchísimo, además estaba lloviznando y el agua ya se había calado en todo mi cuerpo… pensar en la llegada a Santiago me motivaba a seguir, pero cada subida que llegaba me hundía hasta el punto de que se me hacía un nudo en la garganta y de forma casi inevitable acababa llorando, no sé si es por el sentimiento de soledad, la falta de comida en el cuerpo o simplemente por el cansancio que tenía, pero después de solo 4 horas en la bicicleta sentía que simplemente sería imposible llegar hasta Santiago ese día.

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Y justo ahí cuando estas a punto de darte por vencido me encontré con un ciclista que estaba igual de hundido que yo, iba en solitario, y venia del camino primitivo, (que es notablemente más duro que el camino francés), además de que tenía encima mucho más peso que yo. La verdad nos encontramos en el momento justo, cuando los dos estábamos con las energías en el punto más bajo. A partir de ese momento nos hicimos compañía y nos apoyamos para poder llegar hasta Santiago.

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Desde ese momento todo fue más fácil… en cada cuesta nos repetíamos mutuamente que esa cuesta sería la última para de esta manera engañar al cerebro y que nos fuera más fácil… además que contarnos mutuamente las cosas que nos habían pasado en el camino y lo que nos motivó a hacerlo creo que fue de mucha ayuda…

Al final lo había conseguido, llegar a la ciudad de los peregrinos para mí fue mucho más que una aventura, realmente fue una experiencia espiritual, ya que al estar solo y verte tan hundido, te hace pensar en las cosas que son realmente importantes para ti… que en mi caso personal seria mi familia. Y bueno, aunque fueron varios días, con muchos kilómetros y muchísimos metros de desnivel mi cuerpo pide repetir esta aventura… pero bueno, eso ya se los contare en otra entrada.

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9 comentarios en “Una aventura que me cambio…

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